Visita cultureta

Entrar en la Tertulia en una noche de improvisacion es como adentrarse en otro mundo.

Sobre un banco, una remesa de ociosos simbolos de individualidad, todos ellos inquietantemente similares en sus formas de sombreros ya pasados de moda y oscuras fundas de piel de guitarras acusticas; la gente espera paciente y extasiada a su proxima dosis de cultura agriamente masificada en la forma de pasajes vagamente enigmaticos que parecen encerrar grandes verdades susurradas a gritos, leidos con reverencia mal entendida. ¿No veis que muchos de ellos no encierran sino una critica voraz a esa forma de vida degradada que es el culturismo del esteta? Un articulo satirico sobre el psicoanalisis de pacotilla que pretende encontrar raices sexuales en cada pequeño aspecto de la vida (joder, que compara la porteria de un campo de futbol con el utero materno) se convierte por incompetencia de birlibirloque en un alegato contra la uniformidad del deporte. ¡Y lo peor es la ausencia de sentido critico de la gente que lo esta escuchando!

Después, tras la tanda de aplausos en la penumbra (iluminacion a dos velas, salvo en el escenario que tiene un buen foco para no perder detalle) sube a la palestra el siguiente incauto, armado con una fragil guitarra y un hilo de voz. Pero ya no atiendo a su tono lastimero de cantautor vagamente reivindicativo: acabo de ver junto a el, dandole la espalda al publico, a un hombre con un caballete que traza en un derroche de imaginación un desperdicio de color azul sobre un lienzo blanco. Y me pregunto, ¿qué pinta? ¿las profundas emociones de un infinito repetir del tedio? ¿o el sentir que le embarga al escuchar tanta cultura? Es arte moderno, sin duda, pero yo buscaria inspiración en otro lugar. Pero claro, yo soy un filisteo amargado y ajeno a todo lo que sea cultura. ¡Y que le voy a hacer, si soy una pobre alma descarriada que busca mas contenido que la apariencia de cultura!

Me consuelo pensando que la visita me ha servido para comprobar, in situ, que ninguno de esos modelos de sombrero me sentarian bien. Y que el valor de subirse a un escenario no tiene que venir acompañado, necesariamente, por el talento que haga que merezca la pena.

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